sábado, 31 de agosto de 2019

NOTAS DEL PASTOR CHARLES STANLEY, COMO CAMINAR CON EL SEÑOR

¿Camina usted con Dios?
PASAJE CLAVE: Génesis 5.21-24 | LECTURAS DE APOYO: Génesis 6.5-7 | Proverbios 3.5, 6
Juan 14.6 | Hebreos 11.5 | 1 Juan 1.9 | Judas 1.14
INTRODUCCIÓN
¿Qué desearíamos que las personas recordaran de nosotros
al llegar el final de nuestra vida?
Probablemente desearíamos ser recordados por haber sido
bondadosos, amorosos, generosos y sabios. O quizás por las
habilidades y talentos que teníamos. O por la manera en la
que nos relacionamos con las demás personas. Si usted es
un creyente en Cristo, el mayor elogio que puede recibir es
ser reconocido como alguien que caminó con Dios.
DESARROLLO DEL SERMÓN
Caminar con Dios significa mantenerlo en el centro de nuestros
pensamientos: en todo lo que hagamos, en todo lo que
digamos, en todo lo que pensemos, en nuestras relaciones,
en nuestras finanzas, en nuestros planes y en cada aspecto
de nuestra vida. En Génesis 5.21-24 se nos dice que Enoc fue
un hombre que caminó con Dios, hasta que el Señor le llevó
al cielo. Su nombre también es mencionado en Hebreos
11.5 y en Judas 1.14, 15, al describirlo como un hombre justo,
quien no murió, pues agradó a Dios. Noé, el descendiente de
Enoc, también caminó con Dios. Vivió en un tiempo en el
que el Señor “vio Jehová que la maldad de los hombres era
mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos
del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gn
6.5). Fue por esa razón que Dios decidió enviar un diluvio
universal, para destruir a toda la humanidad, excepto a Noé
y su familia
Hoy, nosotros también vivimos en un mundo pecador, en
el cual muchos viven perdidos y en tinieblas. Su camino
está tan oscuro espiritualmente, que no pueden ver hacia
dónde se dirigen, ni tampoco pueden divisar los obstáculos
y peligros que tienen por delante. Sin embargo, la
mayoría de ellos dicen no necesitar ayuda y no desean
tener nada que ver con la única fuente de luz verdadera,
Jesucristo.
Requisitos para caminar con Dios
Sin embargo, aquellos de nosotros que ya hemos depositado
nuestra fe en Jesucristo como nuestro Salvador, buscamos
la ayuda de Dios, pues deseamos vivir de tal manera
que podamos honrarle y agradarle. Para que podamos
caminar con Dios como Noé y Enoc lo hicieron, debemos
cumplir los siguientes requisitos:
Aceptar al Señor Jesucristo como Salvador personal.
Este es el primer y más importante requisito que
debemos tener en cuenta, pues solo podemos venir a
Dios por medio de su Hijo (Jn 14.6). Nuestro andar con
Dios comienza una vez que hemos creído en Cristo y le
hemos recibido como nuestro Señor.
Escucharlo. El tiempo que pasamos a solas con Él, mientras
leemos y reflexionamos en su Palabra y oramos es
esencial. Esta es la manera en la que nos instruye y guía
a diario. Y cada vez que sea necesario, podemos venir
ante su presencia para pedirle la sabiduría y dirección
que nos haga falta.
Confiar en Él. En Proverbios 3.5, 6 se nos dice: “Fíate de
Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia
prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará
tus veredas”. Si no confiamos en el Señor, no le
seguiremos, sino que dependeremos de nuestro propio
entendimiento. Sobre todo, cuando sus caminos no parecen
tener sentido, de acuerdo a nuestra lógica humana.
Debemos recordar que nunca podremos comprender a
cabalidad los caminos del Señor; pero podemos confiar
en que siempre nos guiará por la senda correcta.
Estar de acuerdo con Él. Si no estamos de acuerdo con
su dirección y pensamos que conocemos un mejor camino,
nos engañamos a nosotros mismos al creer que todo
nos saldrá bien. En su Palabra Dios nos dice que debemos
seguirle y no dejarnos guiar por nuestro limitado
conocimiento. Solo el Señor es omnisciente, omnipotente
y omnipresente. Debemos someternos a su voluntad y
no esperar que Él se someta a la nuestra.
Obedecerlo. Si afirmamos estar de acuerdo con Dios y
con su Palabra, pero no le obedecemos, no caminamos
con Él. El Señor requiere que hagamos lo que nos pida,
en el momento en el que nos lo pida y de la manera en la
que nos diga que lo hagamos. Sin obediencia, no podemos
ser verdaderos seguidores de Cristo. Esto debe ser
parte de nuestro estilo de vida. Cada mañana debemos
despertar con el deseo de someter nuestra voluntad ante
la suya, confiar en su dirección y seguir su liderazgo a
cada paso que demos.
Ir en la misma dirección que vaya Él. El Señor tiene un
propósito específico para cada uno de nosotros. Es por
eso que debemos buscar su voluntad cada día y vivir
comprometidos a obedecer en lo que nos pida hacer, por
el poder de su Espíritu Santo, quien nos guía a tomar
decisiones sabias. Aunque otros caminos pueden parecer
más cortos o rápidos, solo el camino de Dios es el
correcto. Y, en ocasiones, tendremos que poner a un lado
nuestros deseos personales o alejarnos de otras personas
que transitan en dirección contraria.
Ir al mismo paso que vaya Él. Lo ideal es caminar juntos,
en la misma dirección y al mismo paso. En ocasiones,
o nos retrasamos, o nos impacientamos y deseamos
adelantarnos a Dios, pues no queremos esperar. Es por
eso que es tan importante que la Biblia venga a ser parte
de nuestro diario vivir. La Palabra de Dios es nuestro
compás, el cual nos muestra si avanzamos en la dirección
correcta y a la velocidad adecuada. Es al leer la Biblia
que venimos a ser más receptivos a la voz del Señor,
para poder obedecerle. Y, como es omnisciente y conoce
el futuro, podemos estar convencidos que su tiempo para
nuestra vida siempre es el mejor.
Amarlo. Si en verdad amamos a Dios, haremos lo que
nos pida, pues solo desearemos agradarle y obedecerle.
Nos mantendremos atentos para recibir su dirección y
esperar en su voluntad.
Abandonar el pecado. Para caminar con Dios necesitamos
tener un corazón puro. Al pecar, debemos arrepentirnos
de inmediato y buscar al Señor para pedirle que
nos indique cualquier otro pecado escondido que pueda
estar presente en nuestra vida. Solamente así podremos
desechar el pecado para vivir en santidad tomados de la
mano de Dios, mientras nos deleitamos en obedecerle.
Perseverar en una vida de santidad. Dios nos ha llamado,
no a una vida perfecta, sino a una vida sometida y
comprometida con su santa voluntad. Es al perseverar en
la santidad, que podremos confesar y arrepentirnos de
nuestros pecados inmediatamente, para ser perdonados
y purificados por el Señor (1 Jn 1.9).
REFLEXIÓN
Después de reflexionar en estos requisitos, ¿puede afirmar
que camina con Dios? ¿Cuáles están presentes en su vida?
¿En cuáles debe mejorar?
¿Qué puede hacer para caminar con Dios de una manera
más constante? ¿Qué es lo que le inspira a perseverar en
su andar diario con el Señor?